Desmenuzando a la víctima

Por Eduardo Martínez Benavente
Todos los actores políticos del estado empequeñecen ante el montón de notas periodísticas -la mayoría negativas- que origina el alcalde Ricardo Gallardo Juárez, quien ahora se queja de ser víctima de una campaña de desprestigio orquestada por voces que se empeñan en confundir a la población, y cuyas identidades no se atreve a revelar. Es cierto que sus desaciertos lo han convertido en el villano favorito de los medios de comunicación más objetivos e influyentes del estado. Es tanto su protagonismo, tantos sus errores e incongruencias que resulta inevitable analizar sus actuaciones y propuestas; y escribir sobre el empresario soledense con mayor frecuencia que la que uno desearía, pues es la autoridad más cercana a los potosinos.
Confieso que no tengo nada personal en contra del alcalde, sin embargo, no creo en él. Le reconozco el mérito de haberse convertido en la figura política más relevante de la zona metropolitana de San Luis Potosí, venciendo resistencias y obstáculos como la de haber participado en un proceso electoral con la pena de tener a su hijo encerrado en una cárcel de máxima seguridad y con el temor de que las órdenes de aprehensión se extendieran a otros familiares y colaboradores, así como haber contendido por un partido que hasta hace muy poco era inimaginable que pudiera ganar la alcaldía de la capital. No deja de sorprenderme el fenómeno Gallardo y parece que nada le ha sido fácil.
Este martes subió a su cuenta personal de Facebook un video en el que lee un mensaje quejándose de las críticas que ha recibido. Me parece que es una estrategia tramposa con un discurso que, ante la falta de resultados, busca congraciarse con la clientela que tiene bajo control con las dádivas que ha repartido y a quienes tiene sometidos con la promesa de los garrafones de agua, tortillas baratas, despensas y otras ayudas. Ante ellos se hace la víctima con la afirmación de que «mi gobierno es revisado con lupa con intereses que buscan cuestionar y descalificar todo lo que hace el Ayuntamiento».
Es tramposa la estrategia porque en otro video, que publicó el 3 de noviembre, afirma que “en este gobierno no se despilfarrará el dinero en publicidad para mi persona o para mi administración”. Un hecho es que lo está haciendo por vías distintas, pero seguramente igual de onerosas. A partir de que tomó posesión ha publicado en su cuenta de Facebook 19 videos, cuya producción no es gratuita y menos los «me gusta» y comentarios zalameros que recibe. En 12 de ellos, él es la figura central con un afán protagónico en el que destaca el del 24 de octubre, de apenas 23 segundos, en el que sólo pronunció las siguientes 52 palabras: “Ciudadanos, buenas tardes. Les habla su amigo Ricardo Gallardo para comunicarles, me da gusto, que este huracán ha sido benigno y qué bueno, demos gracias a Dios y nos seguimos reportando. A continuación por ahí les van a dar detalles de lo que está haciendo su administración. Muchísimas gracias. Seguimos en contacto”
Otro elemento, presente en sus videos, es la movilización que hace de sus seguidores para que lo acompañen a sus eventos, lo que tampoco resulta gratis. Vale mencionar los casos de la inauguración del paso peatonal frente a la Plaza Sendero y el inicio de la repavimentación de la Avenida Universidad. Parte de la trampa de su estrategia es que aparentemente no incurre en una promoción personalizada en medios de comunicación, con lo que no estaría violando el artículo 134 de la Constitución federal. Sin embargo, los videos que ha publicado cierran con el logo de su administración, y no sólo incluyen su imagen, sino también su voz, con casos extremos como el que publicó el 6 de octubre, en el que aparece rodeado de gente agradeciendo las “muestras de cariño” por su cumpleaños. En cuanto a lo que señala en los mensajes del 3 y 23 de noviembre, puede decirse que tienen un tono de “curarse en salud”, además de advertencia-amenaza en contra no sólo de quienes no piensen como él sino también de cualquiera que se atreva a revisar sus actos. Aunque dice que acepta la crítica, en el propio mensaje se desmiente.
Es un mal orador y peor comunicador, y para su desgracia no tiene quien le estructure mensajes consistentes. Nada de lo que afirma lo sustenta con datos específicos, como sí sólo bastara con el hecho de que él lo diga para que todo mundo lo apoye y deba seguirlo. Un mensaje sin fundamentos que apela al fanatismo, cuyas manifestaciones están a la vista, entre las que sobresale elcambio de la denominación de la avenida san Pedro hoy convertida en avenida Ricardo Gallardo Cardona, que promovió a pesar de las innumerables críticas recibidas.
El 24 de noviembre publicó un segundo mensaje con ese mismo tono de confrontación contra enemigos que sólo él pretende señalar como tales, pues las críticas que se le hacen no obedecen a un plan diseñado en su contra, sino a la existencia de conflictos y errores que el mismo ha originado. Lo único que muestra al no aceptar los señalamientos es su carácter autoritario que acredita con sus mensajes y con conductas como la que esta semana le señaló Pulso sobre la falta de licitación de la obra de la avenida Universidad y su ilegal asignación a una de sus constructora favoritas, que no mereció explicación alguna de su parte.
Adicionalmente, se trata de un discurso oscuro que deja abierto un gran espacio a la ambigüedad y oculta lo que no le conviene. No dice, por ejemplo, en qué ha consistido la limpieza de la casa que lo está logrando “y va muy bien”. Afirma que genera ahorros, gestiona recursos y paga deudas, pero no aporta pruebas al respecto. Ninguna de sus afirmaciones es acompañada por datos concretos, lo que vuelve su discurso amañado y falso. Los videos e imágenes que ha publicado tienen un sentido propagandístico que nos permiten deducir que sólo cambió el estilo de su promoción personal a plataformas distintas a los medios de comunicación convencionales. En resumen, lo que Gallardo hace es una variante de la misma propaganda que lo ha caracterizado y que en su momento le dio tan buenos resultados, sólo que ahora la traslada a cuando menos dos plataformas: las redes sociales vía Internet y la movilización de su clientela a eventos para su promoción personal.

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